Acción colectiva como técnica de impacto para resolver problemas sistémicos

Comúnmente, los problemas de origen social son complejos y tienden a ser multidimensionales y/o sistémicos. Problemas como la corrupción, la salud, el calentamiento global y la pobreza entre otros, difícilmente pueden ser resueltos por una sola organización. Garet Hardin, en su dilema de la Tragedia de los comunes, nos comenta como además de estar inmersos en esta crisis, el individuo tiende a actuar de forma egoísta y poco solidaria. Sin embargo, considero que en este contexto efervescente, cada vez son más los actores que son conscientes de la magnitud y complejidad de las problemáticas actuales, y se han dado cuenta de que no son suficientes sus capacidades y recursos para afrontar estos retos de forma individual y han buscado un cambio de paradigma en su forma de trabajar.

Actualmente, el trabajo colaborativo se ha vuelto una práctica más común, y es visto como un vehículo que puede generar gran impacto y tener muchos beneficios para los individuos, las organizaciones y la sociedad. Para que el trabajo colaborativo funcione, se requiere de una participación organizada que sea guiada por actores experimentados que tengan una visión en común. Se deberá reconocer la complejidad, la magnitud y el tiempo que se requiere para generar cambios sistémicos, y se deberán crear metodologías para adaptar, modificar y replicar los esfuerzos realizados.

En mi experiencia, para que los proyectos de este tipo funcionen se requiere de un verdadero compromiso con la causa, que implica sobreponerse en muchas ocasiones al ego de una sola organización por sobresalir y pasar de una forma de trabajo individualista a una nueva forma de trabajo de liderazgo colectivo que implica apertura y colaboración.

Algunos artículos publicadas en el Stanford Social Innovation Review con respecto al trabajo colaborativo nos sugieren que para alcanzar el éxito en este tipo de proyecto se deben tomar en cuenta los siguientes pilares: que exista un entendimiento común sobre la problemática que quiere resolverse y una visión conjunta de cómo puede resolverse; que los actores estén de acuerdo en como debe medirse el impacto y se generen indicadores colectivos; que se cuente con un plan de acción general para coordinar los distintos planes de trabajo y que se contrate recurso humano independiente adicional para coordinar el proyecto.

Existen distintos ejemplos de trabajo colaborativo exitosos detonados gracias a la participación de numerosos actores intersectoriales que han trabajado para mitigar problemas en común. Como por ejemplo en Virginia en los Estados Unidos, más de cien actores públicos, privados, y Organizaciones de la Sociedad Civil lograron restaurar parte del equilibrio ecológico en la cuenca de agua del río Elizabeth en quince años. Otro ejemplo es el caso de Somerville, Estados Unidos, en un periodo de 3 años, se logró disminuir considerablemente la obesidad infantil gracias al compromiso de distintos actores intersectoriales.

Definitivamente, los proyectos colectivos pueden llegar a tener un gran beneficio para todos, sin embargo  como se ha mencionado, se requiere de un nuevo cambio de paradigma en nuestra forma de trabajar; es necesario saber esperar, puesto que los proyectos con un verdadero impacto por lo menos requieren dos o tres años; implica saber trabajar armónicamente con los distintos actores involucrados, y sobre todo estar comprometido realmente con la causa.

2019-06-23T02:50:54+00:00